Estudiar la corriente
medio ambientalista argentina tomando como ejemplo el caso de Gualeguaychú fue
más que interesante. Me permitió estudiar con más precisión un caso que conocía
de manera general. Pude percibir la complejidad del caso y el interés de cada
uno de los actores mucho más que si sólo hubiese leído un par de artículos
sobre el tema.
Fue interesante también
leer el Clarín, porque tenía prejuicios ante este periódico. Muy populista,
creía que la información que contenía iba a ser de mala calidad. Por lo
contrario, me di cuenta de que era bastante objetivo y trataba de mostrar el
lado de los ciudadanos y el lado de los gobiernos.
Para concluir, opino que
sería demasiado fácil pensar que el caso de Gualeguaychú sólo podría ocurrir en
el cono sur. Sería demasiado fácil decir que los problemas de corrupción
propios a estos países hacen que a sólo ellos les pueden pasar problemas tan
graves. Por lo contrario, hay que tomar en ejemplo la lucha que llevan acabo
los asambleistas de Gualaguaychú porque en Quebec mismo el gobierno liberal de
Jean Charest está pasando bajo silencio el proyecto de la Rabaska, este obscuro
proyecto de terminal metanero, cerca de la ciudad de Quebec, que contaminará
irreversiblemente al rió Saint-Laurent. Hay que fijarse de la similitud elocuente
entre ambos proyectos (de Botnia y de la Rabaska) para recordar que el afán de
lucro es internacional y no cultural.